Mi mente golpea mi mundo, me ubica en fantasías efímeras, me crea hermosas quimeras, me produce estados mentales en los que todo está bien. Mi corazón late fuerte en mi pecho, lleva sangre a mi cuerpo que encuentra en el placer su nicho. Las cenizas reposan como besos que recorren la intimidad de una dama. El olvido queda manchado por recuerdos como las sábanas después del amor. Y el deseo se ve insatisfecho como el odio se ve alimentado por el dolor. Y el placer, y el deseo. Y lo que siento cada vez que te veo. No hablaré de amor o ternura, no manifestaré temor o dulzura. Plasmaré en letras muy simples la reacción de una vida. Encontraré entre versos aquella salida que no hallo al verte, al mirar el movimiento de tu cuerpo, cuando sonríes o caminas y me haces pausar el aliento. Deseo, dulzura, placer y temor. Ansiedad, deber, cortesía y amor. Fina coquetería acompañada de amabilidad. Saludarte y seguir como si no fueras más que una realidad. Te vi sobre una bicicleta y quedaste e...
Andrés era un joven muy aplicado, juicioso, dedicado, serio, respetuoso, amable. Era quizás un poco temperamental, sin embargo, esto no le impedía ser carismático y lograr hacer amigos en casi cualquier lugar. Salía de su trabajo en las tardes e iba a la universidad a estudiar en las noches. Deseaba fuertemente cumplir su sueño de ser profesional. Además, era realmente bueno en lo que hacía. Vivía con su madre y su hermano. Su madre, una mujer soltera que desde niño le enseñó valores y múltiples cosas sobre la vida. Quizás algunas de las cosas iban pintadas con tintes machistas, pues su madre fue criada de esta manera y nadie la educó para ser mamá en una sociedad más moderna. También vivía con su hermano, quien era mucho más relajado, quizá vago, pero era una buena persona. Criados con los mismos valores, ambos hijos eran personas honestas y bien portadas. Andrés no amaba mucho su trabajo, incluso así, lo hacía muy bien porque quería cumplir su sueño de pr...