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RINCÓN


Ella me oye porque se niega a sí misma el deseo de escucharme.
Ella me ve porque se niega a toda costa el deseo de mirarme.

Ella es tan bella,
cómo no contemplarla

Ella me pregunta si la deseo sexualmente.

¡Pues claro! Cómo no hacerlo.
Con ese cabello, con esa sonrisa;
con esas piernas, con esas mejillas;
con esas manos
que imagino ahora mismo desabrochando mi camisa.

Fue mucho tiempo
hablando y hablando,
palabras escribiendo
y en ellas
mi vida relatando.

Poco a poco,
con el paso del tiempo,
te fui desnudando.

Siendo tu amigo y sin perder tu amistad,
yo te fui amando.

No conozco tus senos:
me los imagino firmes y suaves,
con pezones dilatados,
con sus puntas erectas
y de mi boca enamorados.

Nunca he visto tus senos,
y no necesito hacerlo.

Para saber que estás desnuda
no necesito mirar tu cuerpo.

¡¿Por qué mierda me callas?!

¿Sabes?
A veces dudo de esto de evitarme,
intensamente tus besos los siento;
de cada día que pasó sin ti,
aparece una fantasía que lleva tu nombre.

Ella se esconde,
ella me huye;
ella calla,
ella se altera,
ella explota,
pero…
ella calla.

¡¿Por qué calla?!
¡Maldita sea!
¡Que no calle!

¡Que me atrape!
¡Que demuestre esos celos de los que tanto me habla!
¡Que me haga suyo!

Pero no…

Ella calla.

-Bogotá, 2015-
Nodier Vallejo

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Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...