Ponte las botas negras y largas de cuero que tanto me gustan;
viste ese pantalón negro que tanto me encanta.
Usa esa blusa:
esa con aquel escote dulce y muy sutil, aunque sea tan coqueto.
Ven, róbame un beso y luego sigamos con esto.
Quiero que trences tu cabello negro, amo las trenzas y lo sabes.
Alista tu mejor vestido vital, tu máscara más tierna y tu aura más traviesa.
Husmea en mi mente mis intenciones y cámbialas (o aprovéchalas) a tu gusto.
Saca de mi compañía lo que yo nunca he creído que habrá, algo bueno.
Viste tu cuerpo como una salvaje y viste tu mejor sonrisa: esa, la bella, la de ángel.
Déjame encontrar una vez más en tu existir algo que me incite a buscarte de nuevo.
Sé la voz del silencio que guardé tanto tiempo, soñándote en soledad.
No me permitas el abrazar tu cintura sensual, ¡oblígame a hacerlo!
Guíame a través de tus historias,
juguemos a fabricar memorias.
Divirtámonos viendo a la gente pasar tan enamorada o tan mojada por la lluvia;
hagámoslo mientras nuestras sonrisas se empapan de momentos inolvidables
y de gotas de un aguacero con rayos de sol.
No olvides sonreír, no olvides olvidar lo malo.
No olvides no olvidarnos.
No olvides aceptar.
No olvides sentir y hacer lo que te nazca.
No olvides ser tú. Y más importante:
no olvides exponer tu mirada como la bendición más grande de la madre tierra.
No olvides nuestros besos imaginarios, no olvides perfumarte con un suspiro.
No olvides suspirar cerca de mi cuello, ¡quiero que me infectes!
Juguemos a ser zombis deambulando por la mejor calle de Bogotá.
Comamos un dulce, y, miremos el cielo fantaseando con nubes que soporten nuestro peso
y que puedan llevarnos a la cima de la montaña más verde y florida.
Haz que me gusten los días soleados.
Protégeme del sol.
Sé mi amiga, sé mi bruja;
sé mi compañera y mi musa.
Sé mi aire y mi ahogo.
Sé mi nada y mi temporal todo.
Sé el momento y las ganas de repetirlo.
Sé la alegría y la tristeza que cause el extrañarte.
Sé mi obra dramática y mi anhelo resucitado.
Sé la ilusión y la realidad.
Sé tú, eso me gusta.
Sé la lágrima que quiero secar y sé la sonrisa que quiero robar.
¡Viajemos juntos!
¡Teatro! ¡Música! ¡Pintura! ¡Arquitectura como la de tu cuerpo perfecto!
¡Eres arte, mujer!
No sé si querré amarte, pero de algo estoy seguro:
tengo mucha hambre de conocerte,
y quiero, a cenar ciudad invitarte.
-Bogotá, 2016-
Nodier Vallejo
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