Ir al contenido principal

80 BESOS


Sin el vacío que dejó el dolor,
sin la amargura de los besos falsos,
sin la tristeza que provoca el abandono,
sin nosotros alejados,
sin todo eso
no valdría la pena robarte una sonrisa.

Conocí a un hombre gordo y peludo.
Conocí a ese hombre, y me llamó perdedor.
Me dijo que la felicidad está en absorber,
en devorar, en tener todo lo que se pueda.
Ser feliz, según sus palabras,
era agarrar cuanto pudiese.

El hombre gordo me decía que él era feliz;
que estaba gordo porque era feliz.
Decía que era gordo porque había devorado todo a su paso.
Que nada de lo que no pudo hacer se consideraba un fracaso.

Conocí también a una vieja mujer.
Conocí a esa dama, y me llamó insensato.
Me dijo que la tranquilidad está en la sumisión.
Me dijo que cuando bajara mi cabeza ante todo
lograría ser feliz.

Aquella mujer me dijo que dándole la razón al mundo,
que aceptando todo y tolerando lo intolerable,
sería un hombre que haría de la alegría
su bebida de cada día.

Mi mamá me dijo que no podía decirme qué era la felicidad.
Me enseñó que debía ser yo mismo, 
que debía amar con el corazón,
que debía entregar todo de mí hasta el último día.

Mamá me enseñó que mi objetivo y único propósito
era llegar a ser feliz.

Quiero verte sonreír, quiero verte feliz.
Quiero que te subas a mi bicicleta.
Viajemos por mi mundo, por mi cuarto y mis besos.
Démosle la vuelta al barrio en ochenta abrazos.
Conozcamos lo imposible y riamos por lo difícil.

Es demasiado amar sin querer dar un beso.
Es complicado el camino cuando no hay piedras, pues todo te sorprende.
Los monstruos de los callejones, los duendes bajo los puentes,
los coches de bebés vacíos y las piedras que nos hacen caer,
y todo lo demás, todo lo que tenga la ciudad;
todo será parte de nuestro día.

Ven conmigo y busca una sonrisa,
yo no te ofrezco más.

-Bogotá, 2017-
Nodier Vallejo

Comentarios

Un escrito destacado:

FAROL

Luz que guía mi camino en este preciso momento: por favor no dejes de brillar. Sueño con llegar a mi destino sano, salvo, feliz, con ganas de vivir y sabiendo que he dejado de sangrar. No alumbres a otro más. Hazlo sólo para mí. Me caigo nuevamente y me duele hasta la mierda. Mi sangre corre libre cual cebra en su pradera. Aunque sea doloroso lo que causa mi torpeza, este maldito néctar tiene la destreza de hacerme disfrutar y de hacerme saborear el odio del destino: el mismo que con mi vida ahora quiere terminar. Abrazo su cuello, beso su boca sucia y fría; brindo entre alucinaciones por una mala mujer cuyo recuerdo ahora me atiza, y hace llorar mi alma a causa de una cruel e injusta paliza. Un sorbo profundo ahoga mi esencia y mata mi vida trayendo su presencia. ¡Maldita puta! ¡Déjame solo! Miro al cielo, recuerdo tus engaños; tarareo una canción con uno que otro fallo. Ahora soy uno de tantos borrachos. Maldito ebrio soy. Puta botella de v...