Floreció en medio de la sequía,
entre la maleza y las heridas.
Fluyó como un caudaloso río que arrasa con los árboles,
con los demonios y los dioses.
Derribó árboles secos, muertos y malignos.
Mezcló su poder con la magia de sus besos,
Y fue un inevitable huracán que asfixió a mi bestia interior.
Desnudó su sonrisa y me permitió ver más allá.
Me entregué, como un niño a sus juegos.
Me desnudé sin temor a una burla o un rechazo.
Arranqué una mueca de tristeza y frustración que me impedía ver.
Un acertijo que descifré sin buscarlo,
una luna que divisé entre el lodo sin esperarlo,
un sol que no me quemó las córneas sin pedirlo.
Me convierto en lobo, en ángel, en padre, en amigo y en demonio.
Me visto de armadura o de gabán.
Soy capaz de sonreírle al pasado y de no temerle al futuro.
Me arriesgo y me atrevo a amarla.
Una flor en medio de la sequía ha florecido,
ha surgido y me ha enamorado.
Una nueva especie de flor,
con un nuevo color
y con un nuevo sabor.
Ahora contemplo la ciudad
llena de odios y tristezas,
y pienso:
“¿Podré ser la historia de su vida?”.
-Bogotá, 2016-
Nodier Vallejo
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