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CARTA No. 01


«Mi querida señorita:

Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más. 

Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios. 

Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera.

Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz.

"No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pecho de un moribundo para adelantar su paso hacia la muerte. Yo quería ser suyo como quise que usted fuera mía. Cada noche que me perdía en su maravillosa existencia, mi poesía simplemente fluía.

En un principio todo fue fantástico. Con el paso de los días usted fue tratándome como no acostumbro a ser tratado: bien. Usted mostró tanto interés en lo que yo era, que inevitablemente lo creí así. Fue sacando la parte más real de lo que soy.

Al llegar el ocaso yo ya era más yo de lo que podía ser. Pasé de ser el escritor que usted conoció a ser la persona real, la que está detrás de las letras.

Ya nada es como en el principio. Al parecer el proceso bioquímico que se genera al encontrar a un ser que excita incluso a nuestros más puros duendes, ha terminado. 

Hoy pienso y me doy cuenta de que usted no deseaba a la persona, al ser humano, a la flor sensible que soy. Usted se sentía atraída por el escritor que le hizo temblar las piernas por un par de días.

No sé si quien escribe hoy es el escritor o la persona. Lo que realmente tengo presente es que, a pesar de todo, usted sigue pareciéndome una gran mujer. He dicho que estaré presto para ayudarle si así usted lo necesita. No miento. He aceptado también que debo desistir de mis deseos, de mis ganas de hacerla adicta a mi satiriasis, de mis anhelos de besarla...

No desistiré de la persona tan maravillosa que usted es, pues quiero conservar su amistad. Sin embargo, debo confesarle la despedida que ahora mi más lujurioso demonio, y otras partes que usted revivió en mí, me dictan.

Abrigando su alma con un fuerte y largo abrazo, y besando su apellido con un profundo y excitante último beso, me despido.

Encantado de conocerla le deseo los más intensos orgasmos.»

-Bogotá, 2017-
Nodier Vallejo

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Un escrito destacado:

FAROL

Luz que guía mi camino en este preciso momento: por favor no dejes de brillar. Sueño con llegar a mi destino sano, salvo, feliz, con ganas de vivir y sabiendo que he dejado de sangrar. No alumbres a otro más. Hazlo sólo para mí. Me caigo nuevamente y me duele hasta la mierda. Mi sangre corre libre cual cebra en su pradera. Aunque sea doloroso lo que causa mi torpeza, este maldito néctar tiene la destreza de hacerme disfrutar y de hacerme saborear el odio del destino: el mismo que con mi vida ahora quiere terminar. Abrazo su cuello, beso su boca sucia y fría; brindo entre alucinaciones por una mala mujer cuyo recuerdo ahora me atiza, y hace llorar mi alma a causa de una cruel e injusta paliza. Un sorbo profundo ahoga mi esencia y mata mi vida trayendo su presencia. ¡Maldita puta! ¡Déjame solo! Miro al cielo, recuerdo tus engaños; tarareo una canción con uno que otro fallo. Ahora soy uno de tantos borrachos. Maldito ebrio soy. Puta botella de v...