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ESTO, ESO


Un verso tachado,
una copa vacía;
un corazón partido,
un alma ofendida.

Una mujer que llora,
un hombre que fuma;
un amor degollado
que entre recuerdos se esfuma.

Una amante asesina,
que con humo de sangre
y sádica hambre
sus uñas arroja 
y a su vida le atina.

Un perro amarrado,
un gato encerrado;
un loro sin lengua,
una gallina sin tregua.

Un gusano perdido
y un tanto confundido,
que por más que busque 
y se esmere en su vida,
de su podrida manzana
no encuentra salida.

Un idiota que escribe
buscando verdades,
falsas esperanzas
que revelan falsedades.

Camino frustrado
invadido de males,
mata a sangre fría
puros ideales.

Un hola sicario,
un adiós homicida;
una bruja poetisa,
una princesa bandida.

Una puta que canta,
una reina que folla;
un villano que baila,
un cura sin polla.

Un rancho de mármol,
un palacio de tejas;
la señora Ester callando
Y Madame Brunet superando.

Un acuarelista engrasado,
un bebedor sin botella;
una modelo que piensa,
un príncipe azul sin doncella.

Una virgen sin dedos,
un ciclista sin frenos;
una cometa sin brisa,
Roma sin ateos.

Colombia sin sangre,
los gringos sin coca.
África sin hambre,
un whisky sin rocas.

Un ciego sin manos,
la guerrilla sin armas;
un mueco con risa,
la playa sin palmas.

-Bogotá, 2015-
Nodier Vallejo

Comentarios

Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...