Tu cuerpo es aquella hoja delicada y frágil como pétalo de rosa,
sobre la cual mis más sensuales, tiernos y amorosos versos serán plasmados.
Mis labios son la pluma que traza líneas eróticas y delicadas
sobre una piel que me pide a gritos que me deje llevar,
aunque su poseedora quiera contenerse.
Quiero besar tu cuello (que hace mucho no veo),
abrazarte fuerte y que las yemas de mis dedos
dibujen lentamente dos corazones espinados en tu espalda.
Princesa:
mi corazón late acelerado porque tú lo tienes al cien por ciento,
y eso hace que mi mente llegue a una bella excitación,
lo que a su vez pone mil imágenes en mi cabeza
en las que tú eres la protagonista.
Todo eso lo plasman mis manos,
solamente para ti.
Mi corazón, mi piel,
mis versos y mi amor
están marcados a fuego por ti,
mi rosa en invierno.
Eres única entre tantas,
eres única entre todas.
Tu presencia es real, sin importar donde estés.
Tus besos, tu piel, tus uñas...
todo lo tuyo lo siento dejando huella en mí.
¡Eres real!
Me imagino mil cosas,
ahora,
en este instante.
Te siento acá:
sobre mí cuando me imagino que estás jugando conmigo,
frente a mí cuando estoy durmiendo y quiero brindarte calor.
Cuídate.
Si sigues siendo tú no pararé de escribir;
si sigues siendo el hada más tierna no pararé de sentirte;
si sigues siendo la ninfa más sensual, erótica y que mis fantasías ocupa,
no me detendré cuando cada noche quiera hacerte mía.
Recuerdo esa madrugada que soñé contigo.
Tuve que hacerte saber
que seguías siendo parte esencial de mí,
parte de mi cuerpo y de mi ser.
Mi espíritu halla la paz contigo,
mi piel vibra al imaginarte,
mis ojos se deleitan al mirar aquellas fotos,
y mis manos se inquietan al sentirte.
Quiero verte.
Quiero ver tu sonrisa,
y quiero ver sobre tu piel
el único brillo que hay en ese recinto oscuro en el que te encuentras.
Quiero ver tu cuello,
detallar sus curvas,
deslizar mi lengua por ellas
hasta llegar a tus orejas para susurrarte mis anhelos y deseos.
Pero no logro hacerte mía.
¿La luna?
Cada noche que de mi cuarto salgo, veo su intenso brillo,
la miro fijamente y me sonríe.
La luna me dice que todo está bien.
A la luna le confieso mis deseos;
le pido que te diga que quiero hacerte sólo mía,
y que esa noche así serás,
pero, no tengo la certeza de que mi recado será entregado.
¡La luna es celosa!
Pero no evita que te desnude y ame cada noche,
usando como lienzo tu cuerpo y como pincel mi sexo.
Yo, esta noche, no logro cumplir mi cometido.
No eres mía.
Mis palabras no tienen el poder para hacerte sentir
el calor de mi lengua
bajando por tu espalda o subiendo por tus piernas;
no tienen el poder para hacerte sofocar
por sentir la intensidad de mi abrazo.
Me rindo,
la luna y él son tus dueños completos.
Me doy vuelta,
me alejo,
callo mis versos y parto lejos.
Eres alguien que tiene dueño,
con eso no me meto.
Cuídate.
Descansa.
Si sientes que alguien te hace el amor esta noche,
ignóralo,
haz de cuenta que no soy yo.
Te amo.
Hasta mañana, señorita.
-Bogotá, 2014-
Nodier Vallejo
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