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UN ENTREMÉS PARA COMPARTIR HOY


Tengo mis labios quebrados y mis manos tibias.
Mis brazos se adormecen y mis piernas tiemblan un poco.
Tengo un sueño ahora y usted lo cumple a cuotas.
Y todo esto se debe a que no puedo evitar suspirar al verla.

Yo me escondo entre la maleza de lo no visto y entre la sensualidad de lo no escrito.
Tengo una sombra cálida que me cobija y un regazo suyo,
uno que pinté viéndola cruzar como las estrellas;
un regazo que me pertenece como esa sonrisa suya a la afortunada noche.

Tengo un vacío en mis fantasías que reiteradamente lleno con su rostro.
Tengo un caramelo, tengo un disco de música y tengo un entremés.
Tengo un corto listado de cosas muy mías que quisiera compartir con usted al menos una vez.

Tengo la imagen de su sonrisa, tengo la silueta de su cuerpo y tengo el canto de su voz.
Tengo su fotografía imaginaria, la que mi alma me ha hecho creer que usted me ha enviado.
Tengo una carta que no sabré si entregarle, 
tengo una sonrisa pobre que regalarle 
y tengo noventa y nueve versos que escribirle.

Tengo un par de canciones que dedicarle
y varias fantasías prohibidas que obsequiarle.

Tengo ganas de sentir su respiración cerca de mí.
Tengo una meta que alcanzar hoy: ver su sonrisa una vez más.

Tengo una despedida temporal que darle y un abrazo que enviarle.

Busco cómo decirle lo que me genera su energía vital.
Espero que lo que hoy quiero de su parte usted pueda descifrar.
Solamente lea lo que le acabe de dedicar.
O, fácilmente, las primeras letras de cada verso podría usted revisar.

-Bogotá, 2017-
Nodier Vallejo

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Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...