Las ramas secas en el suelo
me recuerdan amores libres
que en mis labios ingenuos
habían dejado manchas de dolor
y olor a trementina.
Dinosaurios caminan junto a mí.
Dinosaurios grandes, dinosaurios feos.
Dinosaurios caminan junto a mí.
Veo dinosaurios de colores, y otros de algodón blanco.
Lejos, donde se pierden los sueños de los enamorados,
puedo ver al rey de esos monstruos:
un enorme dinosaurio blanco
manchado de sangre.
Sobre su lomo viaja ella: Leica.
En mi presente es protagonista.
En mis fantasías es protagonista.
En mi texto ¿también será protagonista?
Leica…
Majestuosa dama prohibida, diosa del averno;
dueña de mil lunas y *capitana de mi espacio;
Medusa que había roto mi corazón de piedra,
sin quererlo ni buscarlo.
El rey de las bestias y la diosa del averno.
Y un perdido poeta que se tropieza con su propia estupidez.
Un bosque donde todos viven,
pero yo muero.
No sé si estoy en un lugar de paz o de castigo.
Ella jamás será mía, nunca lo fue y no lo quiere ser.
Me perdí…
Me perdí en un bosque que me atraviesa.
Las bestias me atraviesan.
Los árboles caminan y me atraviesan,
al igual que las piedras,
el césped,
el viento y la vida.
Yo observo su cabello y pienso en peinarlo.
Trenzo mil ideas en mi cabeza.
Beso sus sueños y su alma rota.
Beso su alma rota.
Ay, su alma rota.
Sin darme cuenta voy perdiendo estatura.
Me voy hundiendo.
Miro hacia abajo.
Sonrío.
Arena movediza me traga,
y en ella un par de ojos azules
me recuerdan la basura no reutilizable que soy.
¡Qué estúpido creer que podría vivir!
¡Y más estúpido aun creer que podría vivir por ella!
…o con ella.
El aire se me acaba, y empiezo a despertar.
Frente a mí: ella,
el rey de las bestias y una oscura sombra con una oz
me esperan.
Siento un frío beso en mi frente.
Siento como mi cuerpo,
lentamente,
empieza a convertirse en polvo,
comienza a transformarse en barata y fea poesía.
-Bogotá, 2018-
Nodier Vallejo
*Referencia a la canción “Capitán del espacio” de Andrés Correa
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