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EL MISTERIO DE LAS FLORES


Un poeta solitario caminaba por las calles
de una linda Bogotá, que arruinada por el sol
no dejaba de brillar.

Observaba pero no buscaba,
pues cuando lo hacía nada se encontraba.
Con gafas, nalgas, senos, labios, putas y damas se tropezaba,
y nada lo sorprendía.
Nada lo atrapaba.

En medio de la séptima, del tumulto y de la tristeza,
apareció una flor.
Tan envuelta en belleza, fortaleza y corazón.
Una rosa tan hermosa que nada se atrevía a cortejarla.
El poeta la observó, la analizó y se enamoró.

Las calles se volvían grises y frías como él tanto las quería.
Ella, la rosa, lo miró.
Sus labios quiso besar pero nunca se atrevió.

Siendo escritor no requería ser actor.
Siendo real no requería fingir dolor.
Siendo tan dócil su alma liberó,
dejó que la robarán y totalmente la descuidó.

¿Qué hace el poeta con una sombrilla en Bogotá?
Mojarse y nada más.

Bajaba por una calle nueva, sufriendo y sollozando.
Las lágrimas confundidas con la lluvia lo iban atizando.
Su rostro se pintó de negro y azul,
y su alma atrapada en aquellos ojos se quedó.

Ser humano implicará siempre grandes riesgos.
Los nervios ganan la batalla, la ansiedad cohíbe las palabras.
El pudor invade la perversión y el fuego de la mirada abrasa el interior.

Lo vi pasando con algo en sus manos.
¿Qué llevaba? ¿Acaso una carta de amor, un dibujo o sus besos?
¿Llevaba su corazón, un dibujo o tres besos?
Los besos…

Lo vi pasar triste y afligido,
recorriendo muchas veces una parada de autobús.
Buscaba aquel perfume, aquella mirada, aquella flor.
Aunque la despidió su corazón no lo aceptó.

Buscando fantasmas se pierde la cordura,
y las sombras lo convierten todo en locura.
¿Y qué pasaba por su mente?
Jugó a ser pintor, ebanista y trovador.
Jardinero quiso ser para embellecer aquella flor.
Fracasó en el intento, no era más que un escritor.

Si todo se expresara como lo hacía en su escritura,
tal vez sonreirían aquellos pétalos sin cesar.
Pero la lujuria y la ansiedad lo supieron descontrolar.

Ahora llueve y él llora en silencio.
Lo que lleva en sus manos escurre de tristeza y decepción.
No sabe si lo que lleva en sus humildes manos está escurriendo lluvia,
o ardor.

-Bogotá, 2017-
Nodier Vallejo

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Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...