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HIPOTECA MI ALMA


La vida de él estaba vacía, con grandes espacios.
Grandes espacios había en su alma, en su corazón, en su cama y en su piel.
Había un listado de películas, sueños, planes, conciertos, problemas,
canciones, poemas y besos, guardado en su ser.
Había un alma rota esperando un respiro que la llevara a su redención.

Apareció ella con sus múltiples curvas, con sus abultadas partes y sus sexys caderas.
Apareció ella con una envoltura como de bombón de chocolate redondo y jugoso.
Apareció ella con su sonrisa, con sus manos rechonchas y suaves.
Apareció ella con ganas de amar, de sentir y de vivir.

Él la amó.
La amó completamente.
La amó toda.
Él amó cada rincón de su cuerpo.
Él amó los pliegues de su piel, amó sus poros húmedos, amó sus vellos corporales,
amó sus labios gruesos, amó sus senos redondos,
amó sus nalgas grandes, amó sus muslos gruesos,
amó sus caderas firmes y a la vez protegidas por una gruesa y exquisita capa de cuerpo.

Él amó su alma frágil, amó su corazón puro, amó su sonrisa una y otra vez,
amó sus besos, amó sus sueños,
amó sus inteligencias, amó sus conocimientos,
amó su edad, amó sus cumpleaños,
amó sus celebraciones, amó sus navidades tristes.

Él amó con cada parte valiosa de sí mismo su manera de mirar,
su manera de caminar, su manera de llorar,
su manera de expulsar fuertes carcajadas.

Él la amó.
Él la amó con todo.
Él amó todo de ella.
Él amó todo de ella sin siquiera tocarla.
Él la amó sin haberla abrazado, sin haberla tomado de la mano,
sin haber disuelto en un beso todas sus ganas de pertenecerle.

La amó con su cuerpo, la amó con su pelo,
la amó con sus fluidos corporales,
la amó con la mentira que esconde la omisión de un “Te amo”.

-Bogotá, 2016-
Nodier Vallejo

Comentarios

Un escrito destacado:

FAROL

Luz que guía mi camino en este preciso momento: por favor no dejes de brillar. Sueño con llegar a mi destino sano, salvo, feliz, con ganas de vivir y sabiendo que he dejado de sangrar. No alumbres a otro más. Hazlo sólo para mí. Me caigo nuevamente y me duele hasta la mierda. Mi sangre corre libre cual cebra en su pradera. Aunque sea doloroso lo que causa mi torpeza, este maldito néctar tiene la destreza de hacerme disfrutar y de hacerme saborear el odio del destino: el mismo que con mi vida ahora quiere terminar. Abrazo su cuello, beso su boca sucia y fría; brindo entre alucinaciones por una mala mujer cuyo recuerdo ahora me atiza, y hace llorar mi alma a causa de una cruel e injusta paliza. Un sorbo profundo ahoga mi esencia y mata mi vida trayendo su presencia. ¡Maldita puta! ¡Déjame solo! Miro al cielo, recuerdo tus engaños; tarareo una canción con uno que otro fallo. Ahora soy uno de tantos borrachos. Maldito ebrio soy. Puta botella de v...