Contando las botellas vacías,
simulando la muerte del sol,
susurrando versos de la biblia de los poseídos,
viendo morir a una mariposa.
Huele a licor, a cigarrillo y a látex.
Huele a mentira, a caos y a pesadumbre.
Las violetas se pintan como la sangre seca
y las luces se apagan cuando más intensamente logran brillar.
Las huellas de los dolores hacen la invitación a amar una vez más.
La revolución aparece con su arsenal de máscaras y maquillaje.
Una guitarra me mira y me dice que la ame;
decido hacer caso omiso y seguir mi rumbo.
Voy directo al infierno.
El fuego no quema tanto como el frío,
la verdad no duele tanto como la mentira,
tus besos no saben mejor que los caramelos,
y tu sexo no me satisface más que los alimentos del bar de la esquina.
En el cruce de dos calles se juntan a fumar los amigos de la locura,
en la estación de policía se aman a solas dos hombres uniformados,
en una montaña ocurre un aborto improvisado,
y en mi corazón se siguen deshojando tus margaritas.
-Bogotá, 2017-
Nodier Vallejo
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