No debo enamorarme.
No debo enamorarme
No debo pensar en sentir amor.
No debo enamorarme.
No debo querer estar abrazado a un cuerpo frío.
No debo querer acurrucarme junto a un cuerpo muerto
para darle el calor que le falta,
el calor que la vida le ha negado.
No debo desear darle vida a ella.
Cuando pienso en su cuerpo
mi pene revienta de calor extraño,
uno diferente: el mismo que hace brincar el corazón.
Me arrancaría las pestañas, una por una,
para dibujar con ellas corazones alrededor de sus pezones.
Desgastaría mi lengua hasta que perdiera toda su movilidad
con tal de llevarla a la eternidad.
Durante una noche de café, poesía y llanto,
su fantasma llegó a mí.
Me dijo que no me ilusionara,
que de ella nada esperara.
Me confesó que su vagina podría pertenecer a cualquiera,
que yo no era especial.
Descubrí que un hombre como yo,
sin ambiciones ni ropa de marca,
no pedía mucho no por falta de quererlo,
sino por falta de creer.
Ser especial es lo único que hay.
Ser especial es lo único que queda.
¿Qué sería de la papa frita podrida si todas estuvieran iguales?
Nada. No sería nada de ella.
Esta no sería especial.
-Bogotá, 2018-
Nodier Vallejo
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