Ir al contenido principal

LAS HOJAS DE LA MARGARITA SON UNA ILUSIÓN


No debo enamorarme.
No debo enamorarme
No debo pensar en sentir amor.
No debo enamorarme.

No debo querer estar abrazado a un cuerpo frío.
No debo querer acurrucarme junto a un cuerpo muerto
para darle el calor que le falta,
el calor que la vida le ha negado.

No debo desear darle vida a ella.

Cuando pienso en su cuerpo
mi pene revienta de calor extraño,
uno diferente: el mismo que hace brincar el corazón.

Me arrancaría las pestañas, una por una,
para dibujar con ellas corazones alrededor de sus pezones.
Desgastaría mi lengua hasta que perdiera toda su movilidad
con tal de llevarla a la eternidad.

Durante una noche de café, poesía y llanto,
su fantasma llegó a mí.
Me dijo que no me ilusionara,
que de ella nada esperara.
Me confesó que su vagina podría pertenecer a cualquiera,
que yo no era especial.

Descubrí que un hombre como yo,
sin ambiciones ni ropa de marca,
no pedía mucho no por falta de quererlo,
sino por falta de creer.

Ser especial es lo único que hay.
Ser especial es lo único que queda.
¿Qué sería de la papa frita podrida si todas estuvieran iguales?
Nada. No sería nada de ella.
Esta no sería especial.

-Bogotá, 2018-
Nodier Vallejo

Comentarios

Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...