Por ser diferente,
por no ser como mi padre.
Mi padre era un hombre grande y con barba,
levemente atractivo y con una sonrisa asesina.
Mi padre era todo un macho, fuerte y viril.
Mi madre era sumisa pero bonita.
Jamás fue golpeada por mi padre o por sus palabras.
Sin embargo, no era feliz como mujer.
Yo, en cambio,
teniendo pene, manzana de adán,
barba y músculos,
amaba ser mujer.
Me gustaba maquillarme y verme bonita.
Me gustaba parecer una muñequita de porcelana.
Cuando mi padre no estaba, mamá me ayudaba
a verme bella como ella,
conservando en mi sonrisa el encanto de mi padre.
Pero todo se derrumba
y siendo un pobre mortal también me derrumbé.
Me enamoré de un hombre como mi padre.
Yo le daba placer a pesar de él estar casado
y tener 5 hijos.
Yo era feliz llenando su cuerpo velludo y fuerte
de placeres y mimos.
Un 8 de marzo, sin más,
me golpeó.
Desde ese día me di cuenta
de lo difícil que es ser mujer.
-Bogotá, 2019-
Nodier Vallejo
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