Ir al contenido principal

EL BARRIO


Voy caminando por la calle,
fumando un cigarrillo de aquellos que son negros, de canela
y cuyo filtro sabe a menta;
cuando, de repente,
veo un montón de gente,
y me pregunto: “¿Qué rayos pasa allí?
¿Qué es lo que esa multitud espera?”

No necesito acercarme para escuchar lo que dicen:
“¡Yo quiero uno! –gritan algunos-
¡Yo quiero, yo quiero! –grita una viejita-
¡A mí, a mí, para llevarle uno a mi hijo! (…)”.

¡Gente loca!

-Bogotá, 2015-
Nodier Vallejo

Comentarios

Un escrito destacado:

FAROL

Luz que guía mi camino en este preciso momento: por favor no dejes de brillar. Sueño con llegar a mi destino sano, salvo, feliz, con ganas de vivir y sabiendo que he dejado de sangrar. No alumbres a otro más. Hazlo sólo para mí. Me caigo nuevamente y me duele hasta la mierda. Mi sangre corre libre cual cebra en su pradera. Aunque sea doloroso lo que causa mi torpeza, este maldito néctar tiene la destreza de hacerme disfrutar y de hacerme saborear el odio del destino: el mismo que con mi vida ahora quiere terminar. Abrazo su cuello, beso su boca sucia y fría; brindo entre alucinaciones por una mala mujer cuyo recuerdo ahora me atiza, y hace llorar mi alma a causa de una cruel e injusta paliza. Un sorbo profundo ahoga mi esencia y mata mi vida trayendo su presencia. ¡Maldita puta! ¡Déjame solo! Miro al cielo, recuerdo tus engaños; tarareo una canción con uno que otro fallo. Ahora soy uno de tantos borrachos. Maldito ebrio soy. Puta botella de v...