3 noches desperdiciadas con ella.
En nuestra conversación habitaban las mentiras y las dudas.
Dudas, mentiras.
Mentiras y dudas.
En su voz habitaba la muerte del deseo.
Y en mis manos las ganas de halar su cabello.
¿Jalar o halar?
¿Halar o jalar?
Me aseguraba que su mojigatería le impedía expresarse.
Pero, ¡vaya!, se enrollaba en mi mente.
¡Maldita serpiente!
Asesina era ella.
La vi por primera vez aquel martes por la noche.
Vestía prendas de color desvelo
y se paseaba presumiendo en su sonrisa un destello,
como los de los comerciales de la televisión.
¿Comercial o propaganda?
¿Propaganda o comercial?
Los turrones de café son ricos.
Sus besos sabían a café,
o al menos eso me aseguraba.
Ella no fumaba.
Ella no hablaba.
Ella no follaba.
Ella no se expresaba.
Ella… ¡no hacía nada!
Mi semen sigue brotando de mi glande.
Mi semen sigue queriendo servir de pintalabios para ella.
Mi semen sigue decepcionado.
Ella aseguraba ser buena haciendo sexo oral.
Ella presumía sin expresarse.
No sé cómo, pero lo conseguía.
Me metía en problemas por ella,
sin embargo,
nunca conseguí meterle mi problema
y llenar su útero de líos.
-Bogotá, 2019-
Nodier Vallejo
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