Era un cuarto oscuro, sin aromas femeninos ni colillas de cigarrillos.
Ahora fumaba pensamientos y se follaba a su imaginación.
Resultaba mucho más fácil buscar un espejo viejo
para después tratar de ver lo que bajo la luz del sol no podía.
Encender una vela para tener una guía
es buena decisión cuando el sendero es prometedor.
Pero, ¿qué sentido tienen los caminos sin baches ni monstruos?
Cuando en el camino no hay nada más que una llanura suave
no se requieren luces, ni esfuerzo.
Cuando una dama entrega su voz a cualquier oreja
¿de qué sirve amar?
-Bogotá, 2018-
Nodier Vallejo
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