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DELILAH

 

Quiero que seas el gigante que pisotee mis sueños y mis miedos,
el que me atormenta en mis desvelos y amaneceres.
Quiero que seas el brillo que me deje ciego cuando más triste esté.
Quiero que seas la luz más ardiente en la oscuridad más falsa.

Quiero que seas una eyaculación nueva y un orgasmo húmedo.
Quiero que seas el morbo que no arde ni duele.
Quiero que seas el dolor que no me hace feliz.
Quiero que seas la felicidad no encontrada y la belleza no esperada.

¿Cómo sonreír si no te puedo tener ahora en mi cama?
«¿Qué tal, Delilah? ¿Qué tal la ciudad de Nueva York?».
¿Y tú dónde estás?

¿Dónde guardaste los senos que quiero comerme y tus particulares ojos?

No hay un trono sobre el cual postrarme para presumir.
No tengo ni un solo esclavo que haga lo que yo quiera.
No tengo bolsillos rotos ni dinero que se caiga de ellos.
No tengo una vida, ni una muerte.

Vivo pensando: ¿cuándo podré comerte entre besos y sonrisas?

Eres el sexo que no tengo ni tendré,
eres una musa que no ha vivido en mi bosque.
¿Y tú? ¿Dónde estás ahora que no has llegado a mi cama?

-Bogotá, 2017-
Nodier Vallejo

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Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...