Buenas tardes hay en Bogotá,
y como un cisne muriendo canto cual poeta olvidado.
Las gotas empapan los sueños frustrados
del vagabundo sin dinero, sin vida y sin suspiros.
El día fluye como los dos, tres, o cuatro pasados.
Es hoy un día normal para mí,
tal vez para ti,
tal vez para los presos y los muertos.
Susurrarte al oído «feliz día», quisiera,
y observar en tus labios el deseo de las ninfas.
Danzas en mi mente,
tan pura y bella como los ángeles
entregando su lealtad a Dios.
Yo te observo…
Yo te observo y me enamoro de tu manera de sonreír.
Yo te escucho
y me cautivas con el sonido de tu voz rondando en los laberintos de mi mente.
Ahora, en este día tan normal, en esta tarde tan normal, en esta semana tan normal…
Quisiera desearte un feliz día.
Feliz día de la mujer, de la guerrera, de la luchadora, de la poetisa, de la sacerdotisa.
Feliz día de la belleza, de la vida y el amor.
Feliz día de la revolución, de los caprichos y el deseo.
Feliz día del sexo, de tu desnudez y de tus besos.
Ahora me despido como de la espada lo hace el caballero.
Me voy como un ciego sin su bastón y sin su perro.
Me voy sonriendo como un poeta cautivado.
Me voy,
siendo diáfano gracias a tu aire existente en esta ciudad: el que viaja hasta mi espacio.
-Bogotá, 2017-
Nodier Vallejo
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