La barba crece cada día un poco más.
Los músculos duelen más comúnmente.
Las cervezas ya no me saben tan amargo
y los cordones de mis zapatos nunca están desatados.
Reemplazo las risas generadas por las caricaturas
por profundos pensamientos analíticos y deprimentes.
Busco entre el lodo del cajón un diente que perdí.
El lubricante para sexo lo uso para masajes en el cuello.
Follar se convierte en un acto físico de pliegues de piel sudada.
Envejezco lentamente y ya no es igual mi labor en el mundo.
El techo se cae lentamente sobre mis ojos
y mi cabeza no deja de brillar.
Caminando por las calles, como siempre, es que veo mi realidad.
Ese niño jugando en la tierra se convierte en la verdad
que dice que quisiera regresar en el tiempo,
para solamente existir y ser feliz.
Pero la vida no es fácil para el cerdo que nació para convertirse en chorizo.
Ser carne o ser pan da igual.
El mundo te devora
si no eres el burgués que pone el mondadientes en la cima del platillo.
Ni el café te mantendrá despierto cuando estés a punto de caer.
Sentado en el borde de un edificio de Bogotá la elección se torna difícil.
Deberás, como yo, elegir entre un vacío que te hará morir,
con las tripas esparcidas en el pavimento;
y el vacío de una vida donde ya no servirás para nada.
Un vacío te torturará por siempre,
el otro por unos segundos.
La decisión es fácil.
Adiós.
-Bogotá, 2019-
Nodier Vallejo
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