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ADIÓS, VIEJA SILLA


La barba crece cada día un poco más.
Los músculos duelen más comúnmente.
Las cervezas ya no me saben tan amargo
y los cordones de mis zapatos nunca están desatados.

Reemplazo las risas generadas por las caricaturas
por profundos pensamientos analíticos y deprimentes.
Busco entre el lodo del cajón un diente que perdí.
El lubricante para sexo lo uso para masajes en el cuello.

Follar se convierte en un acto físico de pliegues de piel sudada.

Envejezco lentamente y ya no es igual mi labor en el mundo.
El techo se cae lentamente sobre mis ojos
y mi cabeza no deja de brillar.

Caminando por las calles, como siempre, es que veo mi realidad.
Ese niño jugando en la tierra se convierte en la verdad
que dice que quisiera regresar en el tiempo,
para solamente existir y ser feliz.
Pero la vida no es fácil para el cerdo que nació para convertirse en chorizo.

Ser carne o ser pan da igual.
El mundo te devora
si no eres el burgués que pone el mondadientes en la cima del platillo.

Ni el café te mantendrá despierto cuando estés a punto de caer.

Sentado en el borde de un edificio de Bogotá la elección se torna difícil.
Deberás, como yo, elegir entre un vacío que te hará morir,
con las tripas esparcidas en el pavimento;
y el vacío de una vida donde ya no servirás para nada.

Un vacío te torturará por siempre,
el otro por unos segundos.

La decisión es fácil.

Adiós.

-Bogotá, 2019-
Nodier Vallejo

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Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...