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DEVORAR

 

Ella me mira, me susurra algo, se muerde los labios.

Yo me acerco, aflojo mi correa, acomodo mi sexo, que está duro.


Ella pide amor y romance,

yo estoy que reviento;

ella pide orgasmos de a montones,

yo se los daré;

ella quiere que mis uñas dejen mi excitación tatuada en sus nalgas,

yo haré que las yemas de mis dedos sometan a su punto G.


Yo la voy a complacer.


Hoy, como siempre, ando sexual;

como lo dice la gente, las personas que me leen.

Respiro,

camino,

me acerco,

mi corazón palpita fuerte,

mi sexo florece,

mi voz vibra,

mi mano se estira,

mis piernas se preparan.


Ella se desnuda.

Ella se huele.

Qué rico olor, qué rico sabor,

Ella se quita el panty,

ella arroja su panty a mis pies,

ella se acerca a mí,

ella pone su cola en mi sexo,

ella acomoda mis manos en sus senos,

ella mueve su cuerpo,

ella me suplica que la haga gritar.


¡Qué momento!


Mi sexo a reventar,

mis manos a masturbar,

mis caderas a embestir,

mis brazos a abrazar fuerte,

mis labios a explorar,

mi lengua a penetrar.

Sus senos a amamantarme,

su sexo a empaparme,

su clítoris a coquetearme,

sus uñas a hacerme sangrar,

sus dientes a hacerme sangrar,

sus gemidos a salir,

su cuello a ser devorado,

su trasero a ser saboreado,

sus muslos a ser acariciados por mis mejillas.


Una mujer y su belleza.

No esa que atrae,

no esa que enamora.


¡Esa belleza!

Belleza que aparece cuando su mente y su sexo se unen, para hacer a un hombre padecer ante miles de encantos.


¡Quiero amarla!

Quiero untar helado en su espalda,

quiero untar arequipe de café en su monte de Venus,

quiero llenar de vino sus senos...

¡Figurativamente me la quiero comer!


-Bogotá, 2015-

Nodier Vallejo

Comentarios

Un escrito destacado:

CARTA No. 01

«Mi querida señorita: Hoy decidí escribir pensando en usted, una vez más.  Ya son muchas las veces que he hecho esto sin conseguir retenerme y ahogar las palabras que van surgiendo de mi ser. Los latidos de mi corazón son tan intensos que no me dejan controlar mis pasiones y demonios.  Cuando usted apareció yo sentí el deseo infinito de conocerla y descubrir más de lo que su belleza física expone. A pesar de que es usted realmente la mujer más linda que he llegado a conocer, permítame decirle que no fue eso lo que me arrastró, como un imán muy poderoso, hasta su vera. Sentía que volaba cada vez que la escuchaba, cada vez que me escribía y cada vez que en mis noches oscuras y solitarias usted me llenaba de ese olor a flores que, mágicamente, me hacía sentir en la más fresca y nublada primavera. Me sentía feliz. Yo me sentía realmente feliz. "No se trata de amor", le dije. Las cosas simplemente surgen y, ponerles nombre, puede ser como una daga que se clava en el pec...