¿Eres una prostituta? Me pones a pensar.
Haces que mi mente comience a divagar,
suponiendo mil cosas que quiero confirmar
pero que al final, ninguna de ellas es verdad.
Por más que lo ames jamás permitas que te trate
así.
No es tu trabajo darle placer;
aunque creas que hace parte de tu intención de
amarlo,
hay muchas cosas que puedes hacer,
muchas más para demostrarlo.
Si vales más que él no debes estar a su bajo nivel.
¡Eres más que eso! ¡Eres una mujer!
No eres una vagina plástica de esas que se compran en una sex shop,
vibradora y elástica,
para bajar el calor.
Aunque una doncella de la calle pueda ser noble,
no permitas que te trate así.
¡No permitas que su banal encanto tu carácter y
dignidad doble!
-Bogotá, 2015-
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